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HAMLET LIMA QUINTANA
Alguien que sigue siendo “necesario” por Juan Alberto Nuñez
Era un empecinado amigo del pueblo, un tipo como vos, le gustaba decir, de los que llenan hasta el hartazgo el hoy TBA, y ayer Sarmiento, un tipo comprometido como he conocido pocos, trabajo, me alimento, confesaba, un vecino del oeste, uno que se crio entre calles de tierra y el guitarrerío de los gorriones, porque así era de simple todo, hasta que el vino agrio del oscurantismo local desbordó su copa y un pucho desdeñoso y mal nacido le fue arrojado a su paso por la ignorancia, el prejuicio y el recelo; es sabido que el destello de la verdad siempre asusta a los que suben y hacen de todo por mantenerse arriba. Un hijo dilecto era, de una ciudad que lo admiraba, porque sería injusto decir en pocas palabras que en Morón no había a quienes deslumbrara las suyas. Yo soy un tipo como vos, decía, que era como proclamar que, siendo lo que era, no formaba parte de los otros, de esos que se cruzaban de vereda para evitar su saludo; y no éramos, por cierto, tan pocos, trabajo, me alimento, sudo un poco, pero quizás, sea preciso reconocerlo aunque nos avergüence, nosotros, sus amigos o esos libres pensadores, o que dicen serlo, no hicimos todo lo que era preciso e indispensable hacer allá, para defender como nuestra, esa claridad de ala que cabalgaba por las calles del oeste, yendo y viniendo, con su lenguaje poético; ese diáfano fulgor de su palabra proclamando me dibujo pensamiento en los ojos, que parecía decirnos, yo soy un tipo como vos. La hora, se me hace tarde. Este andén nos está quedando chico. Todo es un enorme reloj, y lo era, hermano; todos corríamos para no perder el tren de las siete menos cuarto que, a veces, se suspendía, laburábamos, nos alimentábamos y nos hacíamos las misma preguntas que vos te hacías. Pero, ¿cómo hará Luisa para inventar tanta ternura todos los días? y eras, en el vagón, apretado, enlatados, cuando pensabas en ella. Uno más de todos nosotros, yo soy un tipo como vos -repetías- como quien dice “buenos días compañeros”, con el diario estrujado bajo el brazo, y los ojos se te poblaban de dibujos, de javieres, de raúles, de Armandos, de aquel Morón de pantalones cortos y lluvias lentas, de gente que con sólo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales, y eso lo sembró en nosotros tu palabra, con esa luz que tiene el pájaro al que se le entiende todo lo que canta, y tenía y continúa teniendo tu palabra. Esa inmensa y hamletiana humanidad de tu palabra la que, aún así, después de haberte ido, por pura ansiedad de camino, de gira con la parca, sigue siendo nuestra, nos pertenece por derecho de canto, porque ella es amistad y es lucha, y tuya y es de todos los que sueñan con que esto cambie de una buena vez, aunque esa esgrima de papeles solidarios condenen al juglar hidalgo a una marginalidad, a la que el poder apela, frente a aquellos que les descubren su juego y dicen lo que otros no se atreven a decir; marginalidad, que es como pretender conminarlos si no al silencio, a caminar orillando el arte, pero cuando se viene con esa pasión, tan Hamlet, tan Lima, tan Quintana y con esa férrea fidelidad a sus orígenes, que es como decir desde el pueblo, yo soy un tipo como vos, trabajo me alimento, y la sangre de uno. está en la sangre de un pueblo castigado, mi voz ha de estar en las voces de los iluminados; y cuando el asunto viene de ese modo, no hay forma, señor, de poner al poeta en una caja, de esconderles los zapatos, porque entrará en pata adonde está su gente, y se sentará a su mesa, porque es esa gente la que vive y atesora su poesía. Yo soy un tipo como vos, me gusta la mujer, cuento los hijos y valoro su ternura, como vos evalúas la tuya, aunque tengas que hacerte, todos los días, la misma pregunta, pero, ¿como hará Luisa para inventar tanta ternura todos los días?. Porque es cierto, y ellas lo saben, debido a que también en ella prendió la semilla de tu poesía, y tienen plenamente claro que aquí no se puede pelear solo, y entonces la ternura es como una forma de acorazarte de esas alimañas que suelen parir esos huevos que dejan las serpientes, para que zigzagueen miserablemente tras los pasos de los tipos como vos, trabajo un poco más, ando sin plata, de los que son como cada uno de nosotros, los que no se resignan a que el mañana esté en manos de otros, los que atiborramos cotidianamente los rápidos o los parando en todas hasta Moreno del TBA, esos espacios llenos de cuerpos, ese aire lleno de caras, pero, tal vez, con algo que no es lo tuyo. Yo soy un tipo como vos -decías- y en vos eso era cierto, por haber nacido con un corazón pleno de pureza y alegría, un hidalgo caballero de la vida y la palabra, y olfatean, hoy, donde cada uno cuida su quintita, huronean hacia lo alto, te pisan la cabeza; quiero querer, me duele el corazón cuando lo pienso. Esas eran tus palabras, y es una suerte, hermano, que ante tanta desvida, engaño y chantocracia, aún haya gente como vos, me venden un buzón, por ahí anda la cosa, y como algunas ves dijiste hay gente que con sólo dar la mano, rompe la soledad, pone la mesa, pero están también los otros, los pusilánimes de barba tipo candado, aquellos que con decretos se empeñan en detener al viento, cerrarle las ventanas a la aventura del espíritu, los polichinelas del sistema, con su nariz como tomate y sus grandes zapatones, los que se obstinan en ahuyentar los colibríes de la esperanza, y orinar sobre esas diminutas ilusiones, que los de arriba nos venden por TV con la ilusión de hacernos creer que vivimos en el mejor de lo mundos posibles, y con sus orines mentales marchitan, día a día, los rosales, pero la semilla, es sabido, no muere, y eso, compadre, como ese otro pájaro del canto popular al que llamaban Armando, con el que debes estar charla que te charla contando las picardías comunes, junto al “Cuchi”, y a don Osvaldo, y al bueno de Paquito Urondo, el recuerdo de Lubrano y tantos otros, lo han sabido desde siempre, y es cierto que, de rato en rato, de boliches como el Margot y una manga de locos a los que no pueden impedirles el seguir soñando, surgen algunos libros como los de ustedes, sueños, rebeldías, palabras que se alzan cabreras como los indios de Cuzzani, “La Yumba” rezongando fiero o alguna obra de Berni que nos salen al encuentro enseguida, porque siempre hay alguien que con sólo sonreír entre los ojos nos invitan a viajar por otras zonas, y a despecho de los operadores de bolsa y la cámara de comercio, hombres como ustedes, como el mismo buhonero Javier, nos hacen recorrer toda la magia.
Porque es cierto, hermano hay gente que con sólo abrir la boca/ llega hasta todo los límites del alma, alimenta una flor, inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas, y se queda después como si nada.
Hay tipos increíbles, gigantescos de tan modesto. Gente que va por los caminos de la vida arrojando las semillas de las quimeras, de los sueños posibles, y también de los otros, porque de los posibles se hace cargo cualquiera. Pese a lo cual siempre estarán los otros, los que se niegan a cruzar la calle y se quedan en la otra vereda. Son los que enmudecen el vino, y los pone rejodidos ese jolgorio jornalero que alza su vuelo desde los boliches, como si esa alegría fuese un milagro que sólo se disfruta con tarjeta, porque tras la carcajada, la desfachatez de la risotada campechana, hay algo que les suena como irse de novio con la vida, quizás de puro ser simple de tan simples, porque la alegría, y eso sólo lo saben los que viven empedernidamente enamorados de la vida y viviendo para el otro, desterrando a muerte esa muerte que a los otros les han puesto entre las manos, en lo más ponzoñoso de sus uñas, en esa mirada aviesa, porque ellos ignoran lo que vos sabías y nosotros hemos aprendido, que a la vuelta de cualquier esquina, hay gente que es así, tan necesaria, como vos nos seguís siendo
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